LignoSat, un satélite de madera en el espacio
A muchos investigadores les preocupa el futuro de la basura espacial y por eso ven en algunos materiales biodegradables la salida más eficaz para reducir el impacto medioambiental de próximas misiones y del regreso de satélites a nuestro planeta. El satélite experimental LignoSat, fabricado en honoki, un tipo de madera de magnolia y su comportamiento confirma justo eso, que dicho material puede llegar a ser la solución buscada por la comunidad científica. ¿Queréis saber más? ¡Se viene temazo!
Imagen: Pexels / Hvitkerist
En el apasionante mundo de la madera son muchos los profesionales con sus negocios al frente sensibilizados con esta problemática medioambiental y con el reto que supone para la historia del diseño espacial encontrar alternativas contrastadas y duraderas, Comercial Pazos entre ellos. Este curioso satélite de madera es un valioso paso al frente para esta industria y los problemas de sostenibilidad, además de plantear una nueva manera de afrontar futuras misiones más simplificadas, con la reducción de costes que implica.
Un satélite de paneles de madera y sin tornillos
Cuesta creer que en la órbita terrestre estén flotando fragmentos de satélites inactivos y otros deshechos pero así es y no solo eso. Cuando viajan pueden alcanzar velocidades vertiginosas susceptibles de chocar con otros vehículos intergalácticos. Otra de las razones por las que los científicos se están planteando muy seriamente atajar este problema apostando por la madera, es que este material natural se destruye quemándose al regresar, generando CO2 y vapor de agua en pequeñas cantidades.
Imagen: Univesidad de Kioto
En cambio, los metales con los que son fabricados los satélites hasta la fecha, aunque lo normal es que se desintegren al entrar en contacto con la atmósfera, emiten partículas de óxido de aluminio proclives a persistir en la atmósfera superior, desencadenando con ello riesgos ambientales y de comunicaciones.
La madera elegida, magnolia, no es capricho, su elevada resistencia y estabilidad dimensional son de sobra conocidas entre expertos en madera y un buen número de investigadores, de modo que estas dos cualidades fueron concluyentes al elegirla después de ser probada en el espacio.
Un artefacto futurista de carpintería milenaria
La verdad es que todo en este satélite experimental con forma de cubo y apena 1 kilo de peso es destacable; su diseño futurista choca frontalmente con el sistema con el que han sido ensamblados sus paneles de madera de unos 4 mm de espesor, recurriendo a un sistema ancestral nipón de unión de piezas que solo emplea la geometría de sus cortes. El término en japonés es Kigumi y gracias a estas uniones no lleva tornillos ni tampoco ha sido necesario utilizar pegamento.
Imagen: formones japoneses
En esta carpintería milenaria sus maestros dominan el manejo de herramientas manuales para carpintería específicas de su país y cultura. Más concretamente, herramientas japonesas esenciales como lo son las sierras japonesas, los cepillos y los formones, entre otras.

Imagen: formones japoneses
Enviado al espacio en misión especial
Detrás del nacimiento de LignoSat hay una primera fase de investigación consistente en poner a prueba la madera de magnolia para su uso en la Luna y Marte. Después, llegó un nuevo estudio cuyo objetivo se centró en exponerla en el espacio durante meses para ver cómo se comportaba y el resultado no arrojó ninguna duda. Muy resumidamente permaneció estable, sin casi deformaciones, al no estar en contacto con dos de sus amenazas naturales esenciales como son el oxígeno y la humedad.
El siguiente paso fue fabricar LignoSat para ser enviado al espacio a bordo de una misión de reabastecimiento y, a continuación, desplegarlo desde la Estación Espacial Internacional (ISS) para orbitar la Tierra a unos 400 kilómetros de distancia. El pequeño computador que llevaba incorporado para registrar el campo magnético de nuestro planeta le permitió recoger datos relevantes, además de corroborar que un material biodegradable como la madera era capaz de proteger su interior de las condiciones extremas que se dan en el espacio.
Su misión orbitando la Tierra ha tenido una duración de 6 meses y al regresar a la atmósfera su madera se ha desintegrado según lo previsto.
¿Quién hay detrás? A por un futuro más verde
Tampoco es producto del azar que este satélite experimental haya llegado a buen puerto, pues el proyecto ha sido un trabajo colaborativo entre científicos de la Universidad de Kioto, la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial (JAXA) y la empresa Sumimoto Forestry, acreditada por su política de gestión forestal sostenible.
Imagen: KyotoU/Gakuji Tobiyama
Su empleo como alternativa menos contaminante, más allá de reducir la proliferación de residuos metálicos, también puede ayudar a bajar los costes de producción y a crear diseños más eficientes cuando hablamos de satélites pequeños. La razón es que este material facilita la penetración de ondas electromagnéticas y eso supone que ciertos elementos, como por ejemplo las antenas, pueden ser colocadas dentro de la estructura.
Seguro que os apetece saber que ya se están desarrollando nuevas versiones con un formato mayor y un sistema de comunicación mejorado para recopilar datos más sensibles y valiosos. La conclusión es clara: materiales biodegradables como la madera pueden revolucionar el modo de explorar el espacio conocido por el hombre, mitigando considerablemente la huella ambiental de futuras exploraciones ahí fuera.




























































































































































































































































